Parte 2: Sanarte


Cómo es el trabajo de sanarte a veces. Ir viendo tu vida como un suéter e ir desarmando el tejido para encontrar ese lugar en que te saltaste un punto y se perdió el equilibrio, y te llevó a seguir volviendo a usar ese pulover que te quedó torcido y que aún así seguiste usando tanto tiempo. Como el del cuento de Cortázar, ese del cual nuestro héroe no podía escapar. Sólo que esta vez no hay ventana por donde caer. Tu vida es la ventana, el precipicio en el que ya estás. Y lo único que te queda es desandar el vacío hasta ir llegando a eso que te marcó para siempre, que te abrió esa herida que late, no sabés dónde, pero late y a la misma vez te mastica. Te cansaste de escaparle, de seguir metida en ese espiral, y ahora luchás y luchás cada vez con más fuerza para atravesarla. 

Acá no hay salto al vacío. Acá hay fuego puro, y sólo podés salir de él caminando. No queda otra. Ya corriste demasiado.

Comentarios