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Molinos de viento

 Siento que voy luchando contra el olvido. Cuando estoy llegando al origen de esto que voy viviendo, mi mente abre esa puerta en donde aprendí a poner lo que dolía, y lo hace desaparecer. Llega una etapa de calma, de dicha plena, de felicidad. Y de la nada, de pronto, el oscuro pozo de algo que me duele o me molesta, algo que no puedo poner en palabras

Como me quieren

 Y qué pasa si no me aplauden, si no me palmean la espalda, si no me dicen que está bien? Qué pasa si me equivoco, si fallo, si te desilusiono? Qué pasa si no me sonríen de vuelta, si no confían en mí para contarme algo?  No pasa nada. No me quieren menos. Me quieren distinto. Quizá no como deseo, pero no hay nada más valioso que el amor que me tengo, que el amor que crece en mí, que me alimenta.

Como dormir mientras llueve

  Si fueras un sueño que tengo cada tanto, rodaría por mi almohada entregada a esa caricia que era tenerte cerca. Cerraría los ojos confiada de que siempre cuidarías mi espalda, de que no tengo nada que temer. Y cuando llegase el alba, el momento de irme, me aferraría a ese segundo en que giro desnuda dándote la espalda y mirás mi cadera brillando con la luz del amanecer colándose por la persiana mientras pienso lo maravilloso que se siente no necesitar protegerme de vos. Un amor así necesito, lleno de esta sonrisa de recordarte y saber que, aún para lo perfecto que era pertenecerte, vos no sos para mí. Algún día, en algún universo paralelo, voy a confesarte todo lo que sentía cada vez que jugaba a ser tuya.

Ensangrentada

 Qué tenés adentro? Una maraña de sentimientos y emociones: mamá ahogándose en un vaso, el café con leche volcado en la mesa, papá cansado, fotos de momentos de mierda volcadas en el suelo, pegadas en las paredes. No podés mirar hacia ningún lado sin verlas. No podés esquivarlas. No podés hacerlas desaparecer. Y esa otra, la que sufre, la que llora, la que se quiebra, sentada en un rincón, abrazándose como nunca antes. Esa nena que se retuerce, que se quiere escapar, que quiere evitar los puñales, está ahí, en el medio del charco. Ya no se puede ocultar, está ensangrentada, estaqueada de recuerdos, temerosa de qué más va a soltar su cerebro, de qué más se está protegiendo su corazón.

Perdonar

  Sigue esa sensación de estar encerrada en algún lado, de no poder salir, de querer encontrar el camino y no saber por dónde. Como un tornado en la cabeza, una tormenta en la que estás que escapa a tu mundo tranquilo, a tu hogar de amor.  Algo está latiendo más allá o aquí mismo, abajo de esta tabla, y cuando la levante todos sabrán la verdad, lo que se oculta, y será, tal vez, el comienzo de un mundo nuevo. Apreto las muelas, me lastimo a mi manera. Falta tanto, tanto, y pareciera que cada vez más me encierro. Hay un lugar por acá que duele. Está dentro mío y más allá, arraigado a cada ser que se cruzó en mi vida. Tantas caras, tantos nombres, tantos seres abandonados a su suerte. Y yo acá, sola, en un mundo lleno de gente pero a la vez tan sola, buscando, esperando, tal vez, la redención. A veces me olvido de la maravilla que tengo dentro y me culpo y me castigo por todo lo q me sale mal, por todo aquello que no tengo, que no logro alcanzar. Y entonces, como una cachetada, ...

Parte 4: Había una vez

Había una vez una mamá que ignoraba la tormenta que se cernía y que estaba siempre con esa sensación de que no hacía lo suficiente, de que faltaba más. Había una vez un bebé que debía ser feliz. De su felicidad dependía el universo, de su sonrisa, el sol de cada mañana, el sueño de las noches, la respiración de cada día. Había una vez un mundo que se construyó sobre las ruinas de una niñez destruida, de una familia rota; una nena q aprendió a ser mamá sobre esa destrucción, un bebé que llegó a su vientre cuando no debía, una tormenta q se desató en su cuerpo silenciosamente y los abrazó con la fuerza fatal con la que un huracán desaparece una ciudad. Había una vez una mamá q aprendió a sentirse culpable, a dejar de respirar si él sufría, a no disfrutar aunque podía, a ponerse una máscara de fortaleza y salir al mundo a luchar contra los molinos de viento. Había una vez un bebé que creció y se hizo hombre, que se curó y un día abrió la puerta y salió a jugar, a probar, a acertar y equiv...

Parte 3: Gap

 Un día algo se rompió. No sé cuándo fue. Y me quedé varada como en un gap mental. Perdí la conciencia de dónde perdí ese pedazo, de a dónde se cayó, de por qué. No me quedé a juntar pedazos, a ver el desastre ahí tirado. Seguí adelante, como siguen los guerreros. Porque te enseñaron a ser guerrera, a caer y a levantarte. Te enseñaron a que no te podés quebrar, así que mejor rearmate, no tomes registro de nada, pegá lo que quedó, salí al mundo. Pará. En serio. Algo se rompió. Necesito saber dónde porque en realidad nada está pegado, todo lo dejé agarrado así nomás y por los espacios que quedaron entre los fragmentos de mí se filtran cosas, cosas que no quiero ahí. Y soy una guerrera, sí. Pero a los guerreros también los lastiman, también lloran, también llaman a mami y piden que papá los levante en brazos. Y si ellos pueden, yo también. Besame la frente, haceme upa, decime que todo va a estar bien. No me digas más que oculte, que me trague las lágrimas, que me arregle solita. Ayuda...