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Mostrando entradas de diciembre, 2020

Como dormir mientras llueve

  Si fueras un sueño que tengo cada tanto, rodaría por mi almohada entregada a esa caricia que era tenerte cerca. Cerraría los ojos confiada de que siempre cuidarías mi espalda, de que no tengo nada que temer. Y cuando llegase el alba, el momento de irme, me aferraría a ese segundo en que giro desnuda dándote la espalda y mirás mi cadera brillando con la luz del amanecer colándose por la persiana mientras pienso lo maravilloso que se siente no necesitar protegerme de vos. Un amor así necesito, lleno de esta sonrisa de recordarte y saber que, aún para lo perfecto que era pertenecerte, vos no sos para mí. Algún día, en algún universo paralelo, voy a confesarte todo lo que sentía cada vez que jugaba a ser tuya.

Ensangrentada

 Qué tenés adentro? Una maraña de sentimientos y emociones: mamá ahogándose en un vaso, el café con leche volcado en la mesa, papá cansado, fotos de momentos de mierda volcadas en el suelo, pegadas en las paredes. No podés mirar hacia ningún lado sin verlas. No podés esquivarlas. No podés hacerlas desaparecer. Y esa otra, la que sufre, la que llora, la que se quiebra, sentada en un rincón, abrazándose como nunca antes. Esa nena que se retuerce, que se quiere escapar, que quiere evitar los puñales, está ahí, en el medio del charco. Ya no se puede ocultar, está ensangrentada, estaqueada de recuerdos, temerosa de qué más va a soltar su cerebro, de qué más se está protegiendo su corazón.

Perdonar

  Sigue esa sensación de estar encerrada en algún lado, de no poder salir, de querer encontrar el camino y no saber por dónde. Como un tornado en la cabeza, una tormenta en la que estás que escapa a tu mundo tranquilo, a tu hogar de amor.  Algo está latiendo más allá o aquí mismo, abajo de esta tabla, y cuando la levante todos sabrán la verdad, lo que se oculta, y será, tal vez, el comienzo de un mundo nuevo. Apreto las muelas, me lastimo a mi manera. Falta tanto, tanto, y pareciera que cada vez más me encierro. Hay un lugar por acá que duele. Está dentro mío y más allá, arraigado a cada ser que se cruzó en mi vida. Tantas caras, tantos nombres, tantos seres abandonados a su suerte. Y yo acá, sola, en un mundo lleno de gente pero a la vez tan sola, buscando, esperando, tal vez, la redención. A veces me olvido de la maravilla que tengo dentro y me culpo y me castigo por todo lo q me sale mal, por todo aquello que no tengo, que no logro alcanzar. Y entonces, como una cachetada, ...