Parte 3: Gap
Un día algo se rompió. No sé cuándo fue. Y me quedé varada como en un gap mental. Perdí la conciencia de dónde perdí ese pedazo, de a dónde se cayó, de por qué. No me quedé a juntar pedazos, a ver el desastre ahí tirado. Seguí adelante, como siguen los guerreros. Porque te enseñaron a ser guerrera, a caer y a levantarte. Te enseñaron a que no te podés quebrar, así que mejor rearmate, no tomes registro de nada, pegá lo que quedó, salí al mundo.
Pará. En serio. Algo se rompió. Necesito saber dónde porque en realidad nada está pegado, todo lo dejé agarrado así nomás y por los espacios que quedaron entre los fragmentos de mí se filtran cosas, cosas que no quiero ahí. Y soy una guerrera, sí. Pero a los guerreros también los lastiman, también lloran, también llaman a mami y piden que papá los levante en brazos. Y si ellos pueden, yo también. Besame la frente, haceme upa, decime que todo va a estar bien. No me digas más que oculte, que me trague las lágrimas, que me arregle solita. Ayudame a buscar. Las curitas ya no sirven. ¿No ves? ¿No ves que hay pedazos de mí por todos lados?
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