Parte 4: Había una vez
Había una vez una mamá que ignoraba la tormenta que se cernía y que estaba siempre con esa sensación de que no hacía lo suficiente, de que faltaba más.
Había una vez un bebé que debía ser feliz. De su felicidad dependía el universo, de su sonrisa, el sol de cada mañana, el sueño de las noches, la respiración de cada día.
Había una vez un mundo que se construyó sobre las ruinas de una niñez destruida, de una familia rota; una nena q aprendió a ser mamá sobre esa destrucción, un bebé que llegó a su vientre cuando no debía, una tormenta q se desató en su cuerpo silenciosamente y los abrazó con la fuerza fatal con la que un huracán desaparece una ciudad.
Había una vez una mamá q aprendió a sentirse culpable, a dejar de respirar si él sufría, a no disfrutar aunque podía, a ponerse una máscara de fortaleza y salir al mundo a luchar contra los molinos de viento.
Había una vez un bebé que creció y se hizo hombre, que se curó y un día abrió la puerta y salió a jugar, a probar, a acertar y equivocarse, a vivir la vida.
Había una vez una mamá que se hizo mujer y entendió que era el momento de cuidarse a sí misma.
Y vivieron felices por siempre.
Comentarios
Publicar un comentario